Por Amit Wior

Hace muy poco, Mark Zuckerberg se dirigió a un auditorio lleno de jóvenes emprendedores en Sillicon Valley. Al frente habían dos personas un poco más grandes que el resto, y que llamaban la atención (no solo por su edad). John Doerr y Ron Conway, sinónimos de dinero y poder en el valle, eran los únicos que tomaban nota de lo que escuchaban.

Curioso, ¿no? Los más exitosos de la audiencia eran, justamente, los únicos tomando apuntes. Ben Casnocha tiene una teoría: los expertos toman nota, los novatos no entienden para qué hacerlo.

Los expertos, dice, tienen una forma diferente de procesar hasta las más simples ideas; vuelven sobre ellas una y otra vez hasta entenderlas profundamente, y siempre están dispuestos a aprender más sobre el tema que les interesa.

Tomar notas nos ayuda a entender mejor

Nuestra mente puede procesar y retener solo una determinada cantidad de información en simultáneo. Escuchar activamente (prestando atención al orador y tomando nota de lo que nos llama la atención) permite enfocar nuestro cerebro en lo verdaderamente importante, sin miedo a perder información.

Es cierto que cada uno tiene su propio estilo y una diferente capacidad de memoria, pero si no anotamos lo que escuchamos, ¿cuáles son las chances de recordar después lo que nos interesa? Y no alcanza solo con anotar, recomiendan incluso repasar después las anotaciones, destacar las ideas más importantes y, fundamental, hacer algo con ellas.

Por supuesto que existen extremos locos como el de Tim Ferris pero seguro que hay algo de verdadero en su método. Tim toma nota “como otros toman drogas” y confía más en la peor lapicera que en la mente más poderosa. iPhone, iPad, Moleskines: no importa el sistema, cada cual con su estilo y su tecnología. Lo importante es retener nuestra experiencia de alguna forma para luego acceder a esa información lo más rápido posible y ser más productivos en el largo plazo. 

Estamos inmersos en un mundo repleto de información y de datos con lo que a todos nos viene bien un poco de ayuda. Algunos repasan sus anotaciones con un resaltador, marcando prioridades. Otros organizan un To Do List con las acciones más prioritarias para hacer en el día o en la semana. Y ser organizado tiene su pequeña recompensa: ¿hay algo más placentero que tachar tareas cumplidas de una lista?

Visto en Fast Company