#POVmaquinero de Federico Viarnes, programador y founder de La Musiquita

Hace 2 años que no paro de equivocarme. Intento, me esfuerzo y siempre algún error, por más minucioso que sea, me desvía del recorrido ideal, del script¹ perfecto. A veces es un malentendido, un mal uso del lenguaje, y hasta un error de concepto. Otras, el error es más profundo y hay que atacarlo de raíz.

Está en uno romperse la cabeza tratando de encontrar el error en el proceso, recorrer paso a paso, línea por línea, tratando de entender qué salió mal. Pero la solución trivial consiste en hacer foco en el resultado y no en el proceso. Obviar el aprendizaje del error es el peor de todos los errores. Hay que atraparlos y utilizar la información obtenida para seguir avanzando. Y no solo avanzar, sino mejorar, porque, como dicen, de los errores se aprende (y claro, lo que no se mueve no se mejora).

La ventaja de equivocarse es que permite analizar dos caras de la misma moneda: por un lado medir con exactitud la dureza de la pared con la que me acabo de golpear; por el otro, tener la posibilidad de corregir y no volver a cometer el mismo error. Jamás. No solo eso, si uno se aguanta el miedo al impacto y abre bien los ojos, se obtienen mejores y mayores datos de la caída.  Esta información nos va a servir para tomar decisiones que nos hagan variar un poquito el camino y movernos más rápida y eficazmente en el futuro. Además, una de las cosas más lindas es encontrarte con gente en el proceso, no exactamente transitando el mismo error, pero sí compartiendo un contexto. Y cuanto más se avanza, más encuentros.


Hace 2 años, una serie de malas decisiones me hizo renunciar a mi trabajo en relación de dependencia, a mi sueldo, a mis vacaciones pagas y a mis ahorros. Casi que no tuve opción cuando decidí emprender una pseudo-agencia digital que ya no funciona más, donde las cosas no paraban de salir mal. Otro error me llevó a trabajar en un departamento superpoblado de dos ambientes, donde conocí a gente que, de una u otra manera, terminó siendo esencial para que me mude a un espacio de coworking. Incontables errores durante el segundo año de independencia networkeando me hicieron endeudarme, pelearme con clientes, separarme de mis socios, agarrar trabajos que no quería.

Sin embargo, renunciar me dio el tiempo que necesitaba para encontrarme, conocerme y descubrir lo que realmente me apasionaba. La cantidad de clientes, trabajos y errores que se sucedieron en la agencia digital me fortaleció tanto personal como laboralmente, y ni hablar de la experiencia que adquirí en cada email, cada llamada, cada fin de semana que no podía salir hasta terminar las tareas atrasadas de una semana, cada puteada de un cliente. Encerrarme en un departamento de dos ambientes me enseñó a disfrutar del afuera. Parece básico pero créanme que no me fue nada fácil entender que no pasaba por estar 24 hs frente a un monitor, y que si salía a dar una vuelta en bici, rendía lo mismo que en 12 hs. Endeudarme pagando un espacio de coworking fue invertir en tiempo y contactos, similar a invertir en Facebook cuando Mark no tenía ni foto de perfil (ok, exageré, pero el punto queda claro). La independencia de manejarme por mi cuenta me enseñó a hacer lo que quería sin tener que pasarle factura a nadie. Empecé a consolidar el desorden y los problemas que tenía en la cabeza transformando todo en energía. De pronto me encontré caminando solo por la calle, sonriendo, disfrutando de algo tan simple como respirar, sabiendo con seguridad que estaba yendo por el camino correcto.

Todos los errores me hicieron crecer y avanzar, sin dudas. Caminar con ese aire de libertad me empezó a abrir puertas. La última que abrí me puso en un avión rumbo a México junto a mis actuales socios para cumplir uno de mis sueños: crear una startup y triunfar. Sólo Steve sabe si me va a ir bien, o me seguiré golpeando, pero si me caigo, sin lugar a dudas, va a ser una de las enseñanzas más grandes de toda mi vida.

Como dice la encarta de estos tiempos: El manejo de excepciones (try… catch) es una técnica de programación que permite al programador controlar los errores ocasionados durante la ejecución de un programa informático. Cuando ocurre cierto tipo de error, el sistema reacciona ejecutando un fragmento de código que ayuda a resolver la situación […]. No somos sistemas exactos ni mucho menos (estúpidas y sensuales emociones), pero gran parte de ceder frente al error, pasa por hacer fuerza y entender que mandar todo a la mierda no es la solución. Cuesta. Y mucho. Pero les garantizo que el esfuerzo lo vale. Y la enseñanza no la van encontrar en ningún libro.

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 <!-- 1: En informática un script es un programa usualmente simple, que por lo regular se almacena en un archivo de texto plano. El uso habitual de los scripts es realizar diversas tareas como combinar componentes, interactuar con el sistema operativo o con el usuario. -->